La vida pone en nuestro camino millones de personas; algunas van de paso, otras se quedan cierto tiempo y después se marchan, habrá quienes sólo lleguen para enseñarte una lección y después continúen lejos de ti. Sin embargo, solo unas pocas se quedan para siempre, y así fue como Mara llegó a mi vida, convirtiéndose en una de esas personas mágicas que te rescatan.
Han pasado muchos años, pero es imposible olvidar cómo nos encontramos por primera vez. Sucedió durante mis días universitarios, cuando solía practicar taekwondo y mis compañeros jugaban sus típicas bromas para «divertirse».
Una de esas bromas habituales era esconder mis cosas, y esta vez mi zapato no fue la excepción. En medio de mi frustración por encontrarlo y para poder irme a casa, fue cuando la vi y le pregunté: «Oye, ¿has visto mi zapato?» A lo que ella simplemente sonrió tímidamente y señaló hacia el techo.
Ella me recordaba mucho a la letra de la canción «La Flaca» de Andrés Calamaro, con su larga melena, enormes gafas y un estilo rockero que destacaba a toda costa. Quién diría que después de iniciar una simple conversación sobre un zapato perdido, ella se convertiría en mi mejor amiga durante los próximos nueve años.
Mara es una prueba viviente de que las personas mágicas existen. Aparecen de la nada, un día simplemente están ahí, nos unimos y comenzamos a hablar de todo: alegrías, dolores, experiencias, penas y heridas. ¡Así son las personas mágicas!
Ella es esa persona que el destino puso en mi camino para hacer más llevadero el transcurso de mi vida. Ha estado conmigo en las buenas y en las malas, demostrándome siempre que, por más difíciles que parezcan las cosas, siempre hay una manera de salir adelante porque no estoy sola. Ella entró en mi vida y la cambió para siempre.
Me enseñó el verdadero significado de la amistad, a valorarla en toda su magnitud. Juntas, durante mucho tiempo, hemos compartido risas, lágrimas y momentos cargados de emociones, pensamientos compartidos, sueños y aspiraciones.
Mara ha sido parte de mi vida durante un buen tiempo, y ahora es momento de agradecerle todas las veces que me permitió ser yo misma, las ocasiones en que me regañó por volver con quien me rompió el corazón, o cuando me cuidó y defendió en mis momentos más difíciles.
Ha presenciado más lágrimas mías que mi propia madre, y aún así continúa consolándome cada vez que acudo a ella con un problema. Es la única persona con la que puedo ser auténtica, sin preocuparme por su juicio. Siempre logra sacarme una sonrisa en los momentos más difíciles con sus comentarios icónicos que solo a ella se le ocurrirían.
A pesar de los 1,812 kilómetros que nos separan entre Barranquilla y Boynton Beach (Florida), seguimos apoyándonos mutuamente, riéndonos de lo difícil que puede ser la vida adulta. Siempre manteniendo la actitud de «al mal tiempo, buena cara».
Mara, si estás leyendo esto, quiero agradecerte por ser tan especial, por enseñarme la valentía, por demostrarme que siempre estás ahí para mí y por hacer lo que sea necesario para sacarme una sonrisa. Contigo aprendí el verdadero significado de las palabras compañerismo y lealtad.
Gracias por ser esa persona mágica en mi vida.

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