El monstruo que vive en mí

Hoy quiero hablarles sobre un monstruo que ha sido una presencia constante en mi vida.

Siempre supe que estaba ahí, acechando en lo más sombrío y oscuro de mi ser. Salía a la superficie de vez en cuando, pero nunca me había enfrentado realmente a él. Aunque era consciente de su existencia, simplemente me asustaba pero no tanto, ya que nunca me había causado daño. Sin embargo, llegó un día en que este monstruo decidió salir y lastimarme, lo que me obligó finalmente a enfrentarlo.

Este monstruo se llama ansiedad. Habita en lo más profundo de mi ser y no se trata simplemente de una sensación pasajera de nerviosismo. Es una presencia constante, una voz persistente que se mezcla con las demás voces de mi mente, creando un coro de negatividad que me susurra dudas y temores sin descanso.

Uno que me asfixia y me provoca la sensación de una catástrofe inminente, dejándome sin aliento, ahogándome en punzadas en el pecho que dificultan mi respiración y aceleran mis latidos. Me hace llorar y temblar, mientras siento que el mundo está a punto de desmoronarse en mil pedazos.

Explicar mi ansiedad es como tratar de describir una tormenta en medio del océano: caótica, abrumadora y a menudo impredecible. Es como tener un compañero de vida que nunca se va, que siempre está ahí, susurrando pensamientos oscuros y sembrando semillas de duda en cada aspecto de mi existencia.

Mi ansiedad es astuta. Se ha ganado la amistad de las otras voces que solían ser mis aliadas internas. Aquellas que una vez me animaron y me llenaron de confianza ahora son prisioneras de este monstruo que las convence de repetir un mantra constante de negatividad. Ya no me alientan, ahora me arrastran hacia abajo con sus predicciones pesimistas y sus preguntas sin respuesta.

Cada noche es una batalla contra esta horda de pensamientos negativos que invaden mi mente. Las voces se convierten en un murmullo ensordecedor, impidiéndome conciliar el sueño y sumiéndome en un estado de agitación constante. Mi corazón late al ritmo de ese eco, mis pulmones se agitan en busca de aire fresco en un intento desesperado por escapar de esta espiral de preocupación.

A veces, me dicen que simplemente me relaje, pero no comprenden que la ansiedad es más que una sensación pasajera de estrés. Es un monstruo que se alimenta de mis miedos y mis inseguridades, que se aferra a mí como una sombra oscura que nunca desaparece por completo.

Sin embargo, a pesar de la lucha constante, sigo adelante. Aprendo a reconocer los signos de alerta, a buscar momentos de calma en medio de la tormenta y a rodearme de personas que me apoyan en esta batalla. Porque aunque la ansiedad sea el monstruo que habita en mí, también soy más fuerte de lo que imagino. 

Y cada día, lucho con valentía para mantenerlo a raya y recuperar el control de mi vida. 

Porque al final del día, sé que soy más que mis miedos y que tengo el poder de escribir mi propia historia, incluso con este monstruo como compañero de viaje.

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