Esta es una carta dirigida a mi niña interior, a esa pequeña Kari de 6 años, llena de ternura, sueños y fantasías. Recuerdo cómo anhelabas ser astronauta un día, fascinada por los planetas, y al siguiente soñabas con ser odontóloga porque adorabas a Muelitas (seguro que también viste un conejo de Colgate llamado Muelitas en tu colegio, ¿verdad?). También estabas enamorada de las series de true crime como Criminal Minds y todas las versiones de CSI cuando tenías 15 años, y gracias a ellas aspirabas a ser criminalista.
Pero llegó un momento en que te embarcaste en una búsqueda por descubrir tu verdadera vocación. Recuerdo cómo un día, de la nada, viste un comercial de Coca-Cola que despertó tu admiración por la creatividad detrás de él. Le preguntaste a tu madre quiénes eran los genios detrás de esas creaciones, expresando tu deseo de hacer algo similar algún día. Y hoy, eso es exactamente lo que eres: una publicista con un corazón de copywriter y un toque de escritora.
Sin embargo, antes de seguir adelante, quiero dirigirme a ti, la Kari de 6 años, y pedirte perdón de todo corazón. ¿Por qué? Por el daño que consciente o inconscientemente te he causado. En el silencio de mi habitación, rodeada de mis pensamientos y recuerdos, me encuentro cara a cara con una verdad que he evitado enfrentar durante demasiado tiempo. Me doy cuenta de que he sido mi peor enemiga, mi verdugo más cruel. Durante años, he maltratado a esa pequeña niña interior que vive dentro de mí, a ti, mi Kari de tan solo 6 años.
Me duele profundamente admitirlo, pero me enfrento a la dura realidad de ser responsable de tus lágrimas, de tus miedos, de tu dolor. Me veo obligada a reconocer que he sido la fuente de tus inseguridades, de tus angustias y de tus momentos de tristeza. A lo largo del tiempo, he repetido una y otra vez palabras hirientes que han dejado cicatrices en tu corazón. Te he hecho creer que eres fea, que eres insuficiente, que nunca serás amada. Te he susurrado al oído palabras que te han hecho dudar de tu propio valor, que te han hecho cuestionar tu capacidad para ser feliz. Y lo más doloroso de todo, te he dicho que te odio por el simple hecho de existir, por haber nacido.
Hoy, me encuentro frente a ti, mi pequeña Kari, con un nudo en la garganta y el corazón lleno de remordimiento. Quiero, con toda sinceridad y humildad, pedirte perdón. Permíteme decirte, con la más profunda empatía: <<Perdóname, mi niña>>.
Te pido perdón por haber sido tan crítica en lugar de brindarte el amor y el apoyo que tanto necesitabas. Lamento no haber estado allí para escucharte cuando más lo necesitabas, por no haber sido el hombro en el que pudieras apoyarte en tus momentos de dolor. Reconozco que no merecías ese trato, no merecías derramar esas lágrimas ni cargar con ese peso sobre tus frágiles hombros. Merecías amor incondicional, respeto genuino y cuidado constante.
Durante todo este tiempo, me he equivocado al subestimarte y menospreciarte. He contribuido a tu infelicidad, abandonándote en la oscuridad de tus miedos y dejándote luchar sola contra tus demonios internos. He infligido heridas en ti que sé que son difíciles de sanar, y por ello, te pido perdón de todo corazón.
Pero hoy, en este momento de profunda autorreflexión, quiero hacer una promesa solemne. Prometo cambiar, prometo amarte, cuidarte y protegerte como realmente mereces. Te prometo ser tu mejor amiga, tu confidente más fiel, y estar a tu lado en cada paso del camino. Prometo recordarte cada día lo valiosa, lo hermosa, lo inteligente que realmente eres, y nunca más permitiré que nadie te haga sentir lo contrario.
Porque entiendo que el camino hacia la reconciliación será una travesía llena de desafíos y obstáculos, pero también reconozco que estamos capacitadas para afrontarlo juntas. Estoy convencida de que podemos convertir este viaje en una oportunidad para sanar nuestras heridas más profundas y encontrar la paz interior que tanto anhelamos. Con nuestro esfuerzo conjunto y nuestra determinación inquebrantable, podemos liberarnos del peso aplastante del pasado y abrirnos paso hacia un futuro radiante y pleno.
Juntas, tenemos el poder de transformar nuestras cicatrices en símbolos de fortaleza y resiliencia. Podemos aprender a amarnos a nosotras mismas de una manera más profunda y compasiva, cultivando una relación de cariño y cuidado hacia nuestra propia persona. A medida que nos adentramos en este proceso de sanación, descubriremos nuevas capas de amor, felicidad y autocompasión que yacen latentes dentro de nosotras.
Te hago esta promesa, mi querida niña interior, con todo mi corazón y mi ser. Nos mantendré unidas en este viaje, brindándote el apoyo y la fuerza que necesitas para seguir adelante. Juntas, daremos pasos firmes hacia un futuro lleno de posibilidades y promesas, donde la luz de la esperanza brillará con más intensidad que nunca antes.

Deja un comentario