Las redes sociales se han convertido en una parte fundamental de nuestras vidas y en un espacio donde cada vez más personas comparten sus experiencias con la salud mental. Hace tres años fui diagnosticada con depresión y ansiedad, y a partir de esa experiencia quiero reflexionar sobre cómo se perciben y discuten estas condiciones en la actualidad. Más que una crítica a la trivialización de estas enfermedades, esta reflexión es un llamado urgente a comprenderlas con mayor profundidad y empatía.
En redes sociales, se ha vuelto común que muchas personas hablen abiertamente sobre sus luchas con la depresión y la ansiedad. Sin embargo, con el tiempo, he notado algo que me preocupa: muchas personas se autodiagnostican sin consultar a un profesional. Es importante entender que la línea entre sentirse triste o estresado y vivir con una enfermedad mental diagnosticada no es tan delgada como parece.
La tristeza es una emoción humana básica, pero la depresión es otra cosa. No desaparece con frases como «sé positivo» o «haz ejercicio». Es una enfermedad que afecta todos los aspectos de la vida y que requiere un tratamiento integral que muchas veces incluye terapia, medicación y cambios en el estilo de vida.
Algo similar ocurre con la ansiedad clínica. Es irracional, persistente y muchas veces no necesita un detonante evidente para manifestarse. Puede ser paralizante y limitar severamente la vida diaria.
Lo que más me preocupa de las redes sociales es cómo algunas personas idealizan estas enfermedades. Ver publicaciones que romantizan el dolor emocional trivializa las experiencias reales de quienes vivimos con estas condiciones.
Para quienes luchamos contra estas condiciones, quiero subrayar que buscar ayuda profesional es fundamental. Tener un diagnóstico me permitió entender lo que me pasaba y empezar a trabajar en ello con herramientas adecuadas.
Las redes sociales tienen un gran poder, pero también una gran responsabilidad. La tristeza es parte de la vida, pero la depresión y la ansiedad son enfermedades que requieren comprensión, respeto y tratamiento. Si algo me ha enseñado mi experiencia, es que cuidarnos a nosotros mismos y a los demás empieza con empatía.

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