Durante mucho tiempo, pasé por la vida sintiéndome como una segunda opción. Esas cosas que, a veces, encajan en el horario de alguien, pero nunca son una prioridad. Las relaciones, tanto amorosas como amistosas, se convirtieron en espacios donde me sentía un «tal vez», como si mi valor dependiera de cuándo o cómo alguien decidiera darme un lugar. Lo peor de todo es que, por mucho tiempo, lo acepté. Pensé que eso era amor, o incluso que era una forma en la que las cosas podían funcionar. Pero no era así.
Entender que no eres un «tal vez» no es fácil ni rápido. Es un proceso largo que va más allá de un simple cambio de mentalidad; es una transformación profunda en lo que crees sobre ti mismo, sobre el valor que le das a tu tiempo y a tu energía. Por mucho que lo escuches, las palabras no sirven de nada si no las crees. No basta con que alguien te lo diga, ni siquiera con que te lo repitas constantemente. Tiene que salir de ti. Debes decidir que ya no serás más ese «tal vez».
Recuerdo cómo, en mis relaciones pasadas, dejaba de lado mis propias necesidades, mis sueños y mis límites solo para encajar en lo que otros querían. Vivía en una constante espera, esperando que alguien me validara, que me dijeran lo que quería escuchar, que se comprometieran cuando estuvieran listos. Y me preguntaba, una y otra vez, si estaba siendo demasiado exigente. Si estaba pidiendo demasiado. Pero el verdadero problema era que me estaba tratando a mí misma como si fuera una opción. Y eso nunca va a funcionar.
El valor que le das a ti mismo es la base de todas tus relaciones. Si no te das ese valor, si no te pones en primer lugar, no importa cuánto busques afuera, siempre te sentirás incompleto. Las relaciones, en su esencia, no deberían ser un acto de esperar a que alguien decida elegirte. No somos un «tal vez», no somos un «cuando sea más conveniente». Somos una prioridad, somos un sí rotundo, pero debemos empezar por decirnos a nosotros mismos ese sí. Ese es el primer paso.
Recuerdo el día en que decidí que ya no quería ser más una opción. Decidí que mis sueños, mis proyectos y mi bienestar merecían un compromiso real. Ese fue un día de cambio. Me di cuenta de que lo que estaba buscando fuera ya lo tenía dentro de mí: el compromiso con lo que soy, con lo que merezco y con lo que quiero. Ese fue el primer paso para dejar de vivir para los demás y empezar a vivir para mí.
Pero no se trata solo de relaciones amorosas. En todas las áreas de la vida hay que decidirse. No eres un «tal vez» para tu carrera, para tus sueños, para lo que te hace feliz. Cuánto más tiempo sigas pensando que puedes esperar a que las condiciones sean perfectas, más tiempo estarás perdiendo. El momento perfecto es ahora, y la decisión de dar el primer paso es algo que solo tú puedes tomar.
Y entonces surge la pregunta: ¿cómo empezar? ¿cómo dejar de ser esa opción y convertirnos en nuestra propia prioridad? La respuesta está en mirar hacia adentro. Porque cuando nos pasamos la vida buscando validación en los demás, estamos usando la brújula equivocada. A veces buscamos tanto afuera que olvidamos que el mapa está dentro de nosotros mismos.
Hay una fuerza dentro de ti que te dice que lo que eres es suficiente, que lo que sueñas es posible y que tienes el poder para cambiar lo que no te gusta. Pero para eso, necesitas confiar en ti mismo. Deja de buscar respuestas fuera y empieza a generar las tuyas propias. Tu vida no tiene que ser una espera eterna de un «tal vez».
La vida que sueñas vivir empieza cuando te dices sí. Un sí completo, sin reservas, sin dudas. No esperes que las circunstancias cambien para empezar a vivir la vida que deseas. No eres un «tal vez» y no debes vivir esperando a que alguien decida que es el momento adecuado para elegirte. Tienes que ser el primero en decidirte. Tienes que ser el primero en comprometerte con la vida que mereces. Solo así empezarás a ver cambios reales.
Sé que no es fácil, que no todo es tan simple como decirse un sí, pero es el primer paso para liberarte de las expectativas ajenas y empezar a crear lo que realmente deseas para ti mismo. Es un viaje hacia tu mejor versión, hacia una vida en la que te elijas cada día, hacia una vida en la que, por fin, digas adiós al «tal vez». Porque cuando te decides a ser tu propia prioridad, todo lo demás empieza a encajar. Y el amor, la amistad y las relaciones se transforman, porque no hay nada más poderoso que alguien que se ha elegido a sí mismo.
Así que te lo repito: no eres un «tal vez». No eres una opción. Eres un sí rotundo, y es hora de que empieces a vivir como tal.

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